martes, 22 de julio de 2014



Me han vuelto a despedir de un trabajo. Van seis en el último año.
He dado clases particulares, volví a currar de camarera, he vendido en una tienda cosas inútiles donde la gente se pegaba por comprar, me he ido de campamento con 90 salvajes diagnosticados con hiperactividad, he servido tés de 120 tipos diferentes... y por primera vez he trabajado en una ong de las grandes.

Me llama mi jefe para que pase por la oficina. El día más caluroso del verano. Podría decir que me pilló por sorpresa, pero no. Cierre de campaña, no resultados, no vacaciones pagadas. Sayonara, baby.

Un jefe asquerosamente amable que no sólo me despide sino que me hace dos cartas de recomendación para trabajar en otras dos organizaciones. De las guerreras de verdad. Como tú. Me dice. Y encima tengo que darle las gracias al muy cabrón.

Tampoco era un buen día para Samir. Un nuevo ataque contra su pueblo dejaba más de 500 civiles muertos. En solo dos días.
Me lo pidió con timidez, como si le tuviera que hacer un favor. Así que nos fuimos juntos, por la tarde, a la concentración que había organizada en solidaridad con el pueblo palestino.

Leyeron un manifiesto, cantaron canciones, y gritaron mucho y muy fuerte. Porque nadie les escucha. 
Había muchos niños, mujeres y hombres de todas las edades. Llevaban banderas y pancartas, y se cubrían con pañuelos de diferentes colores. También había muchas personas que no hablan árabe ni rezan el Corán, y que también quieren que sean libres. Libertad. De ser, de estar y de vivir. En paz.

Samir, un hombre de 40 y tantos años y casi metro noventa, gritaba con la rabia y la impotencia de un niño que creció entre bombas viendo como su país cada vez se hacía más pequeño. Como una tarta que se reparten entre otros y a ti no te dejaran ni las migas. Si acaso el dolor de muchas vidas rotas. Para siempre. Y ninguna Historia.

Cuando me despedí de él me dio un abrazo, igual de enorme que él. Y me miró al corazón diciendo: No te rindas. Nunca. No te rindas, no te rindas…

Inshallah, hermano. 



Quién fui, quién soy y quién seré… Preguntas demasiado ambiciosas para tanta incertidumbre.

Somos laberintos humanos, llenos de todo y de nada y siempre en constante búsqueda. Emociones, sentimientos, luces y sombras, colores… Lo perdido y lo ganado en el camino muchas otras vidas atrás. Pero como todos los verdaderos guerrero de la vida caminamos sin dejar de mirar al frente, con sed de batalla. Y mirar al sol, de nuevo, cada día.

Tengo un sueño que se repite desde hace muchos años, desde que vivía en la casa de mis padres hasta hace un par de días. Estoy en mi casa y al final de un pasillo muy largo descubro una habitación secreta. Es como un trastero enorme lleno de ropa, juguetes, muebles… y todo está desordenado y sucio. Es muy grande, así que pienso que me puedo mudar allí para tener más espacio, la puedo pintar y arreglar como a mí me guste. Cuando vuelvo días más tarde descubro que todo está ordenado, la ropa colgada en perchas por tamaños, los juguetes y los muebles colocados, y entonces el espacio es mucho más grande. Al entrar yo sola y encontrármelo todo así siento miedo como a algo desconocido, avanzo despacio y con mucha cautela, siento como una especie de amenaza.

Yo me imagino a las personas como a las caracolas. Cuando miras dentro de ellas compruebas que no existe el fondo y cada vez el laberinto se empequeñece más haciendo círculos y círculos que convergen en un punto, y ese punto es el infinito… Y por ese sendero hay tanto que descubrir como de sorprendernos o atemorizarnos, un aprendizaje que en ocasiones duele en el alma y otras viene como una lluvia suave de la que te impregnas sin apenas sentir frío. Hablo de la condición humana, de lo que esperamos de la vida como de nosotros mismos, y así creamos un vínculo a fuerza de empujar para que el nudo no deje de aflojarse.

Cada vez que soñaba contigo era una señal. Y claro, te mandaba mensajes. Pero tú te tenías muy reservado el derecho. Y la admisión. Capullo.

Creemos que tenemos que demostrar… pero demostrar el qué? No hemos sido creados para demostrar ni ponernos a prueba en cualquier situación. Estamos aquí para vivir, y para vivir hay que hacerlo con toda la plenitud de lo que somos.
Entiendo la cobardía de las personas. Sé que el miedo es algo innato en el ser humano, un monstruo que hay que tener siempre bajo llave en el calabozo más hondo de nuestro castillo, pero sin olvidarnos de él, y que sepa que somos sus dueños. Una de las mayores luchas del hombre, de las que nos hacen crecer. Si no, dejaríamos de ser personas.

Un recuerdo… Un día de verano, en una playa salvaje del sur. El mar estaba como sólo Neptuno lo siente, y la arena era tan dorada. Cuando me tumbaba y entrecerraba los ojos miraba a ese manto que arropaba la playa, que desprendía reflejos de cristal. Las olas rompían en la orilla y se dejaban morir allí, pero siempre había otra detrás que rugía con más fuerza que la anterior, y la espuma era tan blanca. Y el sol y las nubes en comunión con el mar. Era un cuadro que habían pintado para mí, que mutaba a cada segundo porque continuamente el pintor invisible hacía trazos en el aire para dibujar e incorporar elementos insustituibles en esa obra. Las gaviotas gigantes volaban atravesando el cielo para caer en picado hacia el agua y rozar con sus alas la superficie, haciendo piruetas y formas en el aire llenas de gracia y precisión. Al mismo tiempo la brisa me traía el perfume a mar, olor a sal, olor a arena brillante y a vida, olor a algo que continuamente está naciendo, olor a azul, olor a fuerza y a misterio por tanta belleza, olor a algo infinito que no puede ser abarcado, olor a inmensidad… Era como la visión de un oasis en el desierto, y era yo y todo eso para mí… era la gloria.

El 12/12/12 soñé que nos encontrábamos a medio camino entre mi casa y la tuya. Yo iba con mis amigos y tú con los tuyos. Entonces nos vamos todos a otra casa desconocida, para quedarnos ahí y cuidarte. Lo que más recuerdo del sueño es tu aspecto, estabas demacrado, un poco desafiante y agresivo en las formas, bastante desaliñado, como cuando llevas tres días sin ducharte y alguien te tiene que arrastrar para que hagas las cosas. Y tú te dejas llevar un poco a la fuerza porque no tienes fuerzas propias para hacer nada…

Sueños, deseos… todo se confunde para convertirse en uno, así que la magnánima presencia de la magia haga lo que crea oportuno. Creencias antiquísimas más allá de la memoria histórica y humana nos convierten continuamente en víctimas de lo ancestral o en protagonistas de algo que se repite como una variable misteriosa en el curso de la Humanidad. Por ese motivo, callaremos en el silencio más sectario lo que está dentro de nuestras caracolas…

Estabas tan bonito dándole la espalda al mundo. Pero yo me meaba mucho y bajé corriendo al baño. Me dije, si cuando vuelva sigue ahí, me siento con él. Y gané.

Una creencia… En el poder de nosotros mismos para alcanzar lo que deseamos, para levantarnos una y otra vez, para crecer, para amar, para mirar con honestidad al mundo y a nosotros.
Y cuando no sepas lo que hacer... r e s p i r a.

Entonces, cómo explicarle a la nostalgia que la vida se vive de frente?

Pues, supongo, que.

Caminando delante de él. 
Subirte la falda. 
Y enseñarle el culo.

En fin.




domingo, 6 de julio de 2014



Todavía no sé si empecé este juego 
sólo por jugar 
o porque quería ganarte. 
De una vez por todas.

Sé que te gusta competir
y que eres un perdedor honorable.
Pero como jugador eres un tramposo,
un buen ilusionista. 
Cuando te pierdes. El respeto. 
Y sueles ganar menos y cagarla más.
Porque a tí te da la gana, también.

Todo correcto pues.

En cambio yo soy más de saber ganar que de perder.
Por eso lucho, y aguanto, y me canso y...
Me rindo.
Por fiera orgullosa.
Y por dentro cariñosa.

Sabes que me encanta jugar contigo. 
Que me sigas el rollo,
me des la mano
y entonces yo cogerte el brazo. 
Cómo ibas tú a cortar ningunas alas,
señor vértigos...

Quizá por eso pedí cerveza,
sólo para que dijeras que no ibas a traerla.

Lo sabía, me lo dije.
Así que me bebí la noche.
Sin llegar a perder la conciencia del todo.
Me acosté llorando. Y me desperté llorando.
Cuando me pongo soy lacrimógena.

Pero la chica alegre está hasta el coño de llorar.

Me he odiado por encima de mis posibilidades. 
Si hubiera llevado un AK-47 en el bolso
habría matado a toda la humanidad. 
Y a empezar de cero.

Es como estar en una tierra de nadie.
Entre el cielo y el infierno.
Y yo que no sé nadar en los términos medios...

Voy por la calle y veo parejas por todas partes.
Se besan y van de la mano.

De martes a jueves. A jornada completa.

Así que llevo toda la semana con fiebre
y vomitando.

Me agobio con la vida, con el tiempo...
Voy con la cabeza por delante de mis pies, 
y así andamos, del otro lado.

Entonces veo tus fotos y tus cosas
una semana, y otra... 
y sólo busco la forma de que encanjen
las piezas
en este puzzle. 
Es decir, nosotros.

Y que sigas tan libre. Porque así te quiero.

Y porque tengo un plan. Con fecha y hora.
Este verano.
En resumen, tú conduces y yo te guío...

Ya me jode a mi no poder parar el tiempo, 
pero es que a tí eso se te da mucho mejor.

Así que vamos, a ver, nos antes hoy que mañana... si?
Para no llevarnos sorpresas...

Y porque quiero crear en vez de inventar.
Porque en verdad no se me va tanto la olla.
Sino las ganas de.
Tí.
Joder.



domingo, 29 de junio de 2014

Mi buena estrella...



Uno de mis padres me dijo una vez: a veces, la ventaja respecto al mundo, es que piensen que estás loco.

Pues a mi el amor me vuelve loca. Mucho.

Pero no creas que soy tan golfa, es que tú siempre has sacado lo peor de mí…

Qué puedo hacer para hacerte feliz?, preguntaste.
Me gusta follar, te dije.

Y desde que me dieron las calabazas de fin de año, sé, que sólo quiero follar contigo.

La gente cree que un alma gemela es alguien con quien encajas perfectamente, y eso es lo que todos quieren. Pero un verdadero compañero del alma es un espejo, es la persona que te muestra todo lo que no quieres ver, la persona que te conduce a tu propia atención para que transformes tu vida.

Yo soy mía. Pero también un poco tuya. No por llenar los vacíos, sino por habitar los espacios…

Supongo que cada persona tiene su propio infierno particular. El mío es como bucear en altamar y que el peso del agua te arrastre cada vez más abajo, a un nivel irreal lleno de instintos y emociones sueltas, aguas turbulentas que te sumergen cada vez más al fondo y que de golpe se estancan, y pesan.
Y luego está la fantasía, la vida por puro impulso, la locura. Pero eso no es el infierno, porque allí tengo tan poca conciencia del dolor como en plena borrachera. Es al volver al estado de conciencia cuando me ahogo.

Y justo ese momento, el más oscuro de la noche, es exactamente un minuto antes de que salga el sol...

Dicen que las personas con mayor lucidez son las que están más llenas de sombras. Por eso tus demonios y los míos se conocen.

Si pudieras entender que la magia femenina no es locura ni brujería. Que no somos locas sino cuatro mujeres habitando el mismo cuerpo. Que somos cíclicas como la luna y sus fases, y que nosotras también cambiamos cuatro veces durante el mes.

Si pudieras entenderme...

Feminazi. Porque querer que a las de tu género se las trate como a seres humanos es igualito que invadir Polonia.
Soy la puta que os parió o la mala madre que os abortó, incluso la que no quiso o no pudo.
Por eso cuando me enfado contigo soy todas ellas. Lo siento, amor. Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Creo en la justicia pero no soporto la venganza, así que el único corte de manga que se le puede hacer a este mundo de mierda, es ser feliz.

Imaginaba que entraba en tu casa y estabas durmiendo. Entonces yo te despertaba, en silencio... Pero el día que volvías de un viaje y dormías, de verdad, me marché y te dejé descansar. Puta realidad que siempre se impone…

Luego vinieron otras tantas y otras noches… A veces estaba tan cansada que no aguantaba hasta el amanecer, entonces ponía el despertador y me iba a dormir. Cuando sonaba y lo apagaba pensaba si vestirme o ir en pijama, total…

También había otras más canallas… de llegar a mi casa y echar el ancla.

La mejor de todas, cuando te escuchaba respirar profundamente desde la calle.

Otro día me había olvidado las llaves en casa…

Tú no lo sabes, pero llevas en los ojos la tristeza de todos los pueblos de Oriente. Por eso a los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos. Para que brillen de esperanza...

Y si algún día te veo llorar, me beberé todas tus lágrimas.

Me hace gracia cuando escucho a los padres decir: Ten cuidado hijo! En ese momento yo les diría: Ten cuidado tú! Y no olvides que él sigue tus pasos…

Espero que entiendas lo que quiero decirte.

Gracias.

Por escribir esta historia, con comas, con interrogantes e incluso con puntos, algunos suspensivos… y ningún final…

Después del silencio, eres lo más parecido a la música que me he encontrado.

Y como eres mi SOL,

te quiero

a MI, LA, DO…



viernes, 6 de junio de 2014


A veces pienso que la libertad de expresión está sobrevalorada, sobre todo por los que pueden ejercerla.

Hace ya algunos años me apunté a un curso de Derechos Humanos que organizaba la Complutense en colaboración con la Federación de Asociaciones  para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, compuesta por plataformas, ong’s y distintas organizaciones.

Los profesores y ponentes eran gentes de mucho prestigio internacional, unos venían de un ambiente más académico e institucional que otros, pero todos tenían en común la experiencia de haber trabajado con los sectores de la población más oprimidos por la Historia del hombre: mujeres, comunidades indígenas, víctimas de guerras y genocidios, políticas de apartheid, pobreza y violencia extrema, exiliados, refugiados…

Al comienzo de la primera sesión nos prepararon una dinámica grupal que iba a ayudarnos a entender qué es eso de los Derechos Humanos.

En clase éramos unas veinte personas, nos pidieron confianza en ellos y dejarnos hacer lo que nos iban a hacer a continuación. Nos colocaron a todos de pie en círculo y acto seguido nos dieron la vuelta uno a uno mirando contra la pared. Nos ataron las manos por la espalda y nos sujetaron los pies, nos pusieron vendas tapándonos la boca e incluso a algunos les vendaron los ojos. Después nos pusieron una pegatina en la frente a cada uno de tres colores diferentes, rojo, verde y amarillo. Para terminar nos volvieron a dar la vuelta colocándonos frente al grupo. 
La dinámica consistía en agruparnos en función de los colores, sin saber cuál era el nuestro, mediante gestos y señas a los demás.

Lo que vino después fueron gritos, ojos llenos de miedo, angustia, rabia, impotencia, dolor…

Es así como pude aprender no la definición de Derechos Humanos sino lo que los seres humanos sienten cuando son víctimas de la violación de los mismos. Y ahí encontré el mensaje: para comunicarse con los otros primero hay que escuchar, olvidarse de uno mismo y escuchar.

Porque la importancia del silencio no consiste en callar lo que ven los ojos, sino en escuchar lo que siente el corazón.