domingo, 29 de junio de 2014

Mi buena estrella...



Uno de mis padres me dijo una vez: a veces, la ventaja respecto al mundo, es que piensen que estás loco.

Pues a mi el amor me vuelve loca. Mucho.

Pero no creas que soy tan golfa, es que tú siempre has sacado lo peor de mí…

Qué puedo hacer para hacerte feliz?, preguntaste.
Me gusta follar, te dije.

Y desde que me dieron las calabazas de fin de año, sé, que sólo quiero follar contigo.

La gente cree que un alma gemela es alguien con quien encajas perfectamente, y eso es lo que todos quieren. Pero un verdadero compañero del alma es un espejo, es la persona que te muestra todo lo que no quieres ver, la persona que te conduce a tu propia atención para que transformes tu vida.

Yo soy mía. Pero también un poco tuya. No por llenar los vacíos, sino por habitar los espacios…

Supongo que cada persona tiene su propio infierno particular. El mío es como bucear en altamar y que el peso del agua te arrastre cada vez más abajo, a un nivel irreal lleno de instintos y emociones sueltas, aguas turbulentas que te sumergen cada vez más al fondo y que de golpe se estancan, y pesan.
Y luego está la fantasía, la vida por puro impulso, la locura. Pero eso no es el infierno, porque allí tengo tan poca conciencia del dolor como en plena borrachera. Es al volver al estado de conciencia cuando me ahogo.

Y justo ese momento, el más oscuro de la noche, es exactamente un minuto antes de que salga el sol...

Dicen que las personas con mayor lucidez son las que están más llenas de sombras. Por eso tus demonios y los míos se conocen.

Si pudieras entender que la magia femenina no es locura ni brujería. Que no somos locas sino cuatro mujeres habitando el mismo cuerpo. Que somos cíclicas como la luna y sus fases, y que nosotras también cambiamos cuatro veces durante el mes.

Si pudieras entenderme...

Feminazi. Porque querer que a las de tu género se las trate como a seres humanos es igualito que invadir Polonia.
Soy la puta que os parió o la mala madre que os abortó, incluso la que no quiso o no pudo.
Por eso cuando me enfado contigo soy todas ellas. Lo siento, amor. Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Creo en la justicia pero no soporto la venganza, así que el único corte de manga que se le puede hacer a este mundo de mierda, es ser feliz.

Imaginaba que entraba en tu casa y estabas durmiendo. Entonces yo te despertaba, en silencio... Pero el día que volvías de un viaje y dormías, de verdad, me marché y te dejé descansar. Puta realidad que siempre se impone…

Luego vinieron otras tantas y otras noches… A veces estaba tan cansada que no aguantaba hasta el amanecer, entonces ponía el despertador y me iba a dormir. Cuando sonaba y lo apagaba pensaba si vestirme o ir en pijama, total…

También había otras más canallas… de llegar a mi casa y echar el ancla.

La mejor de todas, cuando te escuchaba respirar profundamente desde la calle.

Otro día me había olvidado las llaves en casa…

Tú no lo sabes, pero llevas en los ojos la tristeza de todos los pueblos de Oriente. Por eso a los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos. Para que brillen de esperanza...

Y si algún día te veo llorar, me beberé todas tus lágrimas.

Me hace gracia cuando escucho a los padres decir: Ten cuidado hijo! En ese momento yo les diría: Ten cuidado tú! Y no olvides que él sigue tus pasos…

Espero que entiendas lo que quiero decirte.

Gracias.

Por escribir esta historia, con comas, con interrogantes e incluso con puntos, algunos suspensivos… y ningún final…

Después del silencio, eres lo más parecido a la música que me he encontrado.

Y como eres mi SOL,

te quiero

a MI, LA, DO…



viernes, 6 de junio de 2014


A veces pienso que la libertad de expresión está sobrevalorada, sobre todo por los que pueden ejercerla.

Hace ya algunos años me apunté a un curso de Derechos Humanos que organizaba la Complutense en colaboración con la Federación de Asociaciones  para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, compuesta por plataformas, ong’s y distintas organizaciones.

Los profesores y ponentes eran gentes de mucho prestigio internacional, unos venían de un ambiente más académico e institucional que otros, pero todos tenían en común la experiencia de haber trabajado con los sectores de la población más oprimidos por la Historia del hombre: mujeres, comunidades indígenas, víctimas de guerras y genocidios, políticas de apartheid, pobreza y violencia extrema, exiliados, refugiados…

Al comienzo de la primera sesión nos prepararon una dinámica grupal que iba a ayudarnos a entender qué es eso de los Derechos Humanos.

En clase éramos unas veinte personas, nos pidieron confianza en ellos y dejarnos hacer lo que nos iban a hacer a continuación. Nos colocaron a todos de pie en círculo y acto seguido nos dieron la vuelta uno a uno mirando contra la pared. Nos ataron las manos por la espalda y nos sujetaron los pies, nos pusieron vendas tapándonos la boca e incluso a algunos les vendaron los ojos. Después nos pusieron una pegatina en la frente a cada uno de tres colores diferentes, rojo, verde y amarillo. Para terminar nos volvieron a dar la vuelta colocándonos frente al grupo. 
La dinámica consistía en agruparnos en función de los colores, sin saber cuál era el nuestro, mediante gestos y señas a los demás.

Lo que vino después fueron gritos, ojos llenos de miedo, angustia, rabia, impotencia, dolor…

Es así como pude aprender no la definición de Derechos Humanos sino lo que los seres humanos sienten cuando son víctimas de la violación de los mismos. Y ahí encontré el mensaje: para comunicarse con los otros primero hay que escuchar, olvidarse de uno mismo y escuchar.

Porque la importancia del silencio no consiste en callar lo que ven los ojos, sino en escuchar lo que siente el corazón.